No menospreciemos el poder de
Dios, su amor incondicional y la fuerza de su gracia contra el mal, es la
armadura de Dios
Este año cumplimos con mi esposa
Lida, 23 años de matrimonio y desde que nacieron nuestros hijos no recuerdo un
solo día que haya pasado sin que ella los bendiga a ambos, ya sea antes de
salir de casa o al momento de enfrentar algún reto, tarea o emprendimiento.
En persona, por teléfono y hasta
por Skype la he visto o escuchado repetir las palabras de San Pablo una y otra
vez con el mismo fervor y sinceridad:
